Tenía ganas de volver por la zona de Villablino y aprovechando unas jornadas, nos fuimos de visita y aprovechando para tocar algo de OFF …

Tras unos inconvenientes que nos hicieron retrasar la salida, al final opté por tomar el Huerna para recuperar tiempo y llegar a la reserva que teníamos hecha.

La verdad que nunca había subido esta autopista en moto, pero bueno. Nada más pasar el Negrón, nos salimos en dirección a Villablino y pasamos a visitar la Laguna Grande de Babia, pues me había parecido un sitio pintoresco.

Vamos a tocar un poco de OFF

Después de terminar la comida, nos dispusimos a seguir el viaje y como el día estaba agradable (aún con frío), decidí subir hacia Asturias por el puerto Ventana, donde a la mitad tomaría el desvío a Torrestío.

He leído que van a arreglar esta pista que lleva hasta el Alto de la Farrapona, así que aprovechando que es un tramo corto, ibamos a probar que tal se le da a nuestro Tornado, las rocas y las piedras.

Todo va según lo previsto, la moto, adaptando el modo de conducción a modo Trail, se vuelve menos bravía y subimos sin ningún problema, incluso cuando tuvimos que detenernos en una de las pendientes porque nos cruzamos con una autocaravana que bajaba bastante alegre.

Me vengo arriba... mala idea.

Una vez arriba y viendo que todo ha ido de lujo, me digo que porqué no acercarnos hasta el lago de la mina, el camino está abierto y no parece que esté peor que de donde venimos. Nos lanzamos pista abajo pero observamos que hay zonas que no le ha dado el sol en todo el día y aún quedan restos de nieve.

Vamos esquivándolos hasta que nos encontramos con uno que cruza todo el camino. No es muy ancho, pero hay que pasar si o sí por encima y aquí comienza la Experiencia. Bajamos lentos, pero al tocar la rueda delantera noto que la moto empieza a bailar bastante y al final con un poco de suerte consigo llevarla hacia el borde del camino, pero decidimos dar media vuelta y no seguir jugando. La nieve se ha convertido en hielo y he llevado un buen susto.

Consigo dar la vuelta sin problema, pero a la hora de volver a pasar ese tramo de hielo, la cosa se pone fea. No consigo darle la suficiente velocidad para pasar y que me sienta seguro al hacerlo, así que tras varios intentos, decido tomar el camino que está más al borde del precipicio pues hay una rodada de coche y con un poco de ayuda y esperando que el baile vaya mejor, nos echamos al ataque.

Al final todo queda en un susto y volvemos a subir al asfalto sin problemas. No obstante, en la retina queda el mal trago y la sensación de inseguridad que da el hielo.

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