Mi primer día de ruta hacia el sur y ya antes de salir de mi provincia, me encuentro con mi compañera durante este viaje, La Lluvia.

Salgo de Asturias por el puerto de Pajares y hacia la mitad, ya tengo que ponerme el traje de agua para seguir con orbayo y mal tiempo hasta cerca de Benavente. Donde hago la primera parada oficial del viaje. 

No hay nada como un café y un buen pincho de cecina para que esto se lleve mejor.

Benavente - Hervás

Sigo mi camino, y para ahorrar tiempo, decido tomar la vía de la plata, ya que la N-630, circula prácticamente al lado y al menos no tengo que andar pendiente de los radares y los pueblos (bendito control de velocidad).

Durante el camino me cruzo en varias ocasiones con hileras de camiones, escoltados por la Guardia Civil. Y cuando paro en alguna gasolinera para rellenar o tomar algo, escucho el malestar general de la gente con este plan que hay.

Cruzo Salamanca y un poco más allá vuelvo a ver el cielo bastante oscuro así que durante el ascenso al puerto de Béjar, me salgo de la autovía para volver a ponerme el traje de agua.

Efectivamente, ésta me vuelve a acompañar ya casi hasta el final de mi día. Salgo de la vía de la Plata en el pueblo de Hervás para empezar a disfrutar del viaje subiendo el primer puerto de la zona de Extremadura, el Puerto de Honduras.

Puerto de Honduras

Este puerto comunica Hervás con el valle del Jerte. Es un puerto de 1440m, con bosques de robles y castaños.  Pero con la lluvia y la temperatura por los 3º, hay que hacerlo con bastante precaución.

Además, al llegar a la cima me encuentro con algo de niebla que dificulta la conducción, aun estando muy bien de perfil.

Valle del Jerte - Mirador de la Memoria

Como era de esperar por la parte alta del puerto, hay plantaciones de cerezos, pero ninguno florido. Según voy bajando hacia el río Jerte, empiezo a ver alguno por la zona de enfrente a mi bajada.

Una vez en la N-110, la continúo atravesando Cabezuela del Valle y otros pueblos de la zona hasta llegar al desvío hacia El Torno. Aquí me desvío para ir a ver un mirador que me ha llamado la atención. El Mirador de la Memoria.

Tras la visita, escueta porque está lloviendo alegremente, vuelvo hacia la N-110 para buscar dónde comer, encontrándome con un restaurante al lado del río que tiene buena pinta. Allí me detengo y disfruto de un almuerzo tranquilo y a resguardo del agua.

Valle del Jerte - Guadalupe

Mientras tomo el café, los dueños del restaurante, un familia muy maja, me preguntan por mi destino y me comentan que he elegido la mejor época para viajar por Extremadura y Andalucía, pues es la que más llueve, que los embalses necesitan rellenar y todos están encantados con el tiempo reinante, claro, todos menos yo.

Me indican un par de sitios para ver mientras subo el siguiente puerto hace Navalmoral de la Mata. Un salto de agua llamado La Garganta de Marta, que con lo que está cayendo es una delicia de sitio. tiene un emplazamiento desde el que puedes ver la pequeña cascada de agua sobre un voladizo.

Templo los Mármoles

El resto del trayecto hasta mi destino de hoy, será acompañado de niebla y lluvia, a veces más intensa, otras menos. Pero no dan ganas de hacer ninguna parada, salvo cuando paso por el embalse de Valdecañas, que a mi izquierda observo unos restos de construcción romana y por supuesto que tengo que parar. 

El aparcamiento es de arena y con el agua que ha caído, tanto la rueda como la pata de cabra se hunden un poquito, al final tengo que sacar la moto empujándola, pero bueno, merece la pena.

Son los restos del Templo los Mármoles, de la antigua ciudad romana Augustóbriga del siglo II. Estos restos se desmontaron y volvieron a ser montados, pues el resto de la ciudad se encuentra bajo las aguas del pantano a unos 6 Km de distancia.

Llegada a Guadalupe

Me vuelvo a componer el traje y sigo camino, los kilómetros empiezan a pesar en la espalda y en los brazos.

Poco antes de llegar a Guadalupe, la intensidad de la lluvia vuelve a incrementarse y el final del trayecto se hace un poco pesado, pues no se puede disfrutar del paisaje y solo hay ganas de llegar a destino.

Ya una vez en el pueblo, dejo las cosas en la habitación y me dispongo a salir a conocer algo, pero la intensidad de la precipitación y que en el hotel no tenían un paraguas para dejarme, desistí del intento. 

Más tarde bajé a cenar en el restaurante del hotel y pude escuchar en otra mesa que el pueblo estaba totalmente cerrado y que no había ningún negocio abierto debido a que era lunes y el tiempo que hacía.

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